UN SUEÑO LLAMADO PAZ Luis Emilio Chanchi

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Nací en un pequeño pueblo del nordeste antioqueño llamado San José del Nus, un pueblo incrustado en el bello cañón del Nus, distante a 117 km de la capital de Antioquia, cuya economía era la agricultura, y su vida comercial dependía del ferrocarril de Antioquia. Era un pueblo de campesinos, algunos pensionados del ferrocarril y del Antiguo I.C.A (Instituto Colombiano de Agricultura), la vida transcurría en la serenidad de un pueblo pequeño, de gente humilde, donde todos nos conocíamos. Cuando era niño corriendo por las polvorientas calles de mí pueblo, Vi llegar unos hombres armados, vi por primera vez la guerrilla del ELN, llegaron un jueves por la tarde hicieron una reunión y salieron; yo tenía escasos 6 años, no comprendía nada de lo que pasaba a mi alrededor, sentía hablar a los adultos de las nuevas indicaciones, sus temores, pero para mí era igual y la vida seguía. La guerrilla del ELN hizo presencia en la zona desde la década de los ochenta, su influencia en la organización comunitaria era notoria, yo era solo un niño y no comprendía, por qué eran armados, por qué les decían los “elenos”, ni mucho menos porque ejercían el control en la zona. Recuerdo que su discurso era ayudar al campesino de los patronos explotadores y del estado corrupto que no hacia presencia en la zona, este discurso avivaba el corazón de algunos jóvenes que en la clandestinidad de la noche se unían a esta lucha.

 

Nacer en estas regiones olvidadas por el resto del país marca para siempre.Sus vidas están marcadas por la pobreza, el aislamiento y las normas de un  Estado Paralelo gobernado por los grupos armados como única autoridad en la región. 

 

 

 

La vida continuo y cuando tenía 14 años el 24 de marzo de 1996 experimenté  el miedo más grande, eran las 6 de la tarde y acompañaba a mi mamá a recibir una llamada de mi hermano que estaba en Medellín, en el pueblo había solo dos teléfonos en la central telefónica y en la casa parroquial; éramos ahí en la espera cuando sentimos una fuerte balacera que duro cerca de 10 minutos, el estruendo de las armas irrumpió en el silencio de este pequeño pueblo, mi mamá me apretaba y me decía mijo que pasa, y su hermana esta en esa parte del pueblo, los nervios, la preocupación.. Mi mamá con su problema de hipertensión se le subió la presión y el padre Juan de Dios ayudo a tranquilizarla un poco… de pronto vemos a mi hermana correr, viene ensangrentada, uno de sus compañeros de trabajo ha caído muerto a su lado y dice temblando y llorando han matado tres o más no se sabe… todo es confuso… han llegado unos hombres que dicen ser paramilitares. Quienes son esta nueva fuerza que ejerce control, y terror en el territorio?

 

 El estruendo de las armas irrumpió en el silencio de este pequeño pueblo, mi mamá me apretaba y me decía mijo que pasa, y su hermana esta en esa parte del pueblo, los nervios, la preocupación…

Empieza un rio de sangre. Tres, cuatro personas en un mismo día eran asesinados porque argumentaban que eran guerrilleros o auxiliadores de la guerrilla. Como sacar de la mente los gritos de angustia de las madres que en los brazos cargaban a sus hijos muertos, como sacar de la memoria un pueblo que en las noches cuando sentía aullar los perros se estremecía pensando que la muerte ronda e que el próximo no se sabe quién es.

 

De las 1.982 masacres  documentadas por el CNMH entre 1980 y 2012,  los grupos paramilitares perpetraron 1.166, es decir el 58,9 por ciento de ellas. Las guerrillas fueron responsables de 343 y la Fuerza Pública de 158, lo que equivale al 17,3 por ciento y 7,9 por ciento respectivamente. Por otra parte, 295 masacres, equivalentes al 14,8 por ciento del total, fueron cometidas por grupos armados cuya identidad no se pudo esclarecer.

 

Muchos campesinos empacaron sus cosas y salieron huyendo a la gran ciudad en busca de protección, la región quedo desolada. Recuerdo el discurso pronunciado por el comandante paramilitar, venimos a exterminar los vándalos de la guerrilla y sus colaboradores, venimos a establecer el orden…el orden en el caos, la muerte y la desolación.Pasaron los años y nos acostumbramos a verlos, elegantemente vestidos, con buenos carros, dueños de las mejores fincas, con mujeres bellas…esta vida cómoda y lujosa atrajo a que muchos jóvenes que vieron en este estilo de vida una oportunidad para salir adelante y fascinados por el espejismo de la riqueza traicionaron sus principios y murieron en una lucha que no comprendieron.

Después consagrado sacerdote, fui a servir a los pobres entre los pobres, Remolino del Caguán, un pequeño caserío a orillas del rio Caguán incrustado en la verde amazonia colombiana, allí me encontré con la otra realidad del conflicto armado colombiano, la guerrilla de las FARC-EP.

 

 

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), señala que entre 1999 y enero de 2015, atendió a 5.708 menores provenientes de guerrillas, paramilitares y bandas criminales. En sus datos las FARC-EP es el mayor reclutador con cerca del 60% de los niños atendidos, seguidos por las Auc con el 20%, el Eln con 15% y Bacrim con poco menos del 5%

Ejercían el control absoluto en esta región, sus normas eran acatadas sigilosamente, pues, quien no las cumpliera era reo de muerte. Recuerdo una joven de 20 años, se había enamorado de un solado, esto era rotundamente prohibido. Un domingo por la noche en la vereda donde se encontraba, hombres armados la han conducido fuera de la casa y después de haberla violado la degollaron…el lunes la noticia llego al caserío de Remolino, un silencio absoluto, ninguno dice nada; el papá y la mamá de esta joven llegan a la casa del padre gritando de dolor y de impotencia, padre tráigame a mi hija, yo lo miro, lo brazo…. una lagrima fugitiva corre por mi mejilla. Su grito, su angustia, me ayudan a vencer mi miedo…quien me acompaña?, pregunto.. Ninguno responde, todos tienen cosas que hacer, todos tienen miedo…yo temblaba… pero los gritos de dolor de los padres me dieron la fuerza para decir: ya le traigo a su hija! y emprendí el camino. Cuando vieron mi decisión varios hombres del pueblo me acompañaron, el lugar estaba a cinco horas de camino del pueblo, cuando llegamos al lugar, era verdaderamente una escena desconsoladora, ver la vida de una joven truncada, vilmente asesinada, cerré mis ojos, hice una oración, temblando no sé si de miedo o de rabia, levantamos el cuerpo lo subimos sobre un caballo y la traje hasta el pueblo. Que decirle a estos papás que su hija murió por amor, en una guerra sin sentido, que decir…

 

 

La vida en la región de la Unión Peneya en el Caqueta es tremendamente compleja. La presencia del Frente 15 de las FARC-EP y durante los últimos años de la fuerza pública, puso a la población civil bajo una fuerte presión de ambos grupos.  El riesgo de ser considerado un colaborador de uno u otro era una amenaza real para verse forzado a huir de la región y salvar la vida.

Este es el tiempo de buscar objetivos comunes en la diferencia. Los errores del pasado tienen que ser la plataforma en la construcción de una sociedad. Yo crecí viendo los horrores de la guerra, los he experimentado en mi carne, no quiero recoger un muerto más por el odio, la incomprensión. Quiero que los niños y jóvenes crezcan contemplando los bellos paisajes Colombianos; que no se destine más plata para la guerra, sino para la educación, que la oportunidad de estudiar sea un derecho para todos satisfecho. Que la salud no sea un privilegio de unos cuantos y la infraestructura del país cuidada por todos llegue hasta los lugares hoy considerados vetados y la economía permita mejores niveles de vida. No demos un paso atrás en la búsqueda de la paz, no más muertes, no más armas. Somos hermanos, somos colombianos.